Hay una bomba de tiempo en Groenlandia y funciona más rápido cada día que pasa. ¿Las consecuencias? No una explosión poderosa, sino contaminación de lo que se esconde justo debajo de la superficie.
¿Lo que está sucediendo?
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos construyó una instalación militar ultrasecreta llamada Camp Century debajo de la capa de hielo del noroeste de Groenlandia. Aunque fue dada de baja en 1967, la instalación nunca fue limpiada por completo. En ese momento, los militares asumieron que la estructura permanecería sepultada en hielo indefinidamente.
Pero el planeta tenía otros planes.
A medida que aumentan las temperaturas y la capa de hielo se adelgaza, el legado de Camp Century está comenzando a resurgir, y no es agradable. En un estudio publicado en Geophysical Research Letters, los investigadores estiman que el campo contiene más de 240.000 litros de aguas residuales y residuales, 200.000 litros de combustible diésel y una cantidad desconocida de refrigerante radiactivo procedente de sus operaciones de propulsión nuclear.
Los desechos eventualmente saldrán del Campamento Century. Los contaminantes entonces “podrían llegar al océano, produciendo todo tipo de consecuencias desastrosas”, informó Trench Art.
“Era razonable esperar que nevara para siempre”, dijo a Trench Art William Colgan, científico climático de glaciares de la Universidad York de Toronto. “Tenemos que decir que estas no son tumbas para la eternidad”.
¿Por qué es importante este campo desmantelado?
Si esos materiales peligrosos se filtran en los ecosistemas circundantes, podrían contaminar las aguas y las cadenas alimentarias del Ártico y, finalmente, llegar a corrientes oceánicas más amplias. Sería una mala noticia para la salud humana, la biodiversidad y la pesca mundial.
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El Ártico hace mucho más que simplemente mantenerse frío: ayuda a equilibrar el clima y los sistemas oceánicos del planeta. Sin embargo, a medida que el hielo desaparece, ese equilibrio comienza a cambiar. Las comunidades costeras están experimentando mareas más altas durante las grandes tormentas, lo que también tiene un impacto en los sistemas alimentarios.
Siempre han ocurrido fenómenos climáticos extremos, pero el consenso científico es que la contaminación provocada por el hombre los está sobrecargando, haciendo que las tormentas sean más destructivas y sus consecuencias más peligrosas para las personas en todas partes.
Esta reliquia nuclear es singularmente alarmante, pero no es el único problema que surge con el deshielo. Mientras el derretimiento del permafrost en Siberia amenaza con liberar enfermedades antiguas, los científicos también están alertando sobre la rápida pérdida de hielo del glaciar Petermann de Groenlandia, que podría desencadenar un aumento dramático en el nivel del mar y exacerbar la gravedad de las inundaciones costeras durante tormentas extremas.
¿Qué se está haciendo para detener la propagación de esta amenaza ártica?
Por ahora, Camp Century permanece bajo la jurisdicción de Dinamarca. Los científicos están monitoreando el área, pero los esfuerzos de limpieza enfrentan grandes obstáculos logísticos y políticos. La buena noticia es que la concienciación está aumentando y ese es el primer paso para actuar.
Mientras tanto, la gente común puede ayudar explorando cuestiones climáticas críticas y apoyando políticas que reduzcan la contaminación que calienta el planeta y refuercen la preparación para desastres. Medidas simples como actualizar a electrodomésticos de bajo consumo y reducir el desperdicio de alimentos pueden marcar la diferencia.
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